La figura humana otra vez re-presentada

Por Yanet Martínez Bazabe

En la obra de Reynier Llanes, la representación de la figura humana es un entrenamiento constante. En esa versatilidad de medios pictóricos, en ese cómodo desandar que va desde la pintura al óleo hasta las acuarelas con café, encontramos cómo la imagen del hombre motiva el acto creativo. En cada pincelada hayamos el interés por estudiar las formas, los elementos pictóricos que dan prueba del pleno dominio del oficio que ha alcanzado este artista.

Su más reciente muestra titulada Marble Trace se centra en la figura humana, en la representación del hombre a través de los códigos culturales y personales que lo constituyen. La exposición, extendida hasta el 18 de febrero, se haya en el Etherredege Center, institución cultural adjunta a la Universidad de South Carolina Aiken, SC, Estados Unidos. En esta propuesta, la figura humana renace bajo disímiles encarnaciones. Los personajes son situados en ambientes bucólicos, de ensueño, extraídos, muchas veces, de ese universo de añoranza y nostalgia por su tierra natal.  Un baile de razas y fenotipos plurales se agolpan en los primeros planos de sus lienzos para resaltar la mixtura y la variopinta procedencia de la 

cultura cubana. En esta exploración y encuentro con un pasado desvirtuado e idílico, la representación se trasvierte en juego, en cita inmediata a rostros conocidos. El ejercicio autorreferencial se vuelve explícito, no se esconde. Se hace evidente la voluntad del artista en ser parte de ese imaginario evocado, del entorno guajiro y pintoresco de su natal Pinar del Río como se puede apreciar en la obra Aladino y sus retos (2013).

Sobresale, a su vez, la manera en la cual el artista se plantea la lógica curatorial a través del retrato. Género antiguo en la historia del arte, el retrato le permite al artista la posibilidad de fabular, de narrar múltiples historias para ese personaje pintado. Por ello, quizás la preferencia en los retratos individuales donde aparecen jóvenes mujeres, musas del corazón y del arte, que evidencian el intimismo y la complicidad entre modelo y artista. Destaca a su vez, otra línea discursiva esbozada a través de sujetos masculinos, engalanados con la formal vestimenta a “traje y corbata” como referencia al a los imaginarios de una clase empoderada. Las obras: Panama Papers (2016), The Breeze Presence (2016) y Purple Tie (2017), evidencian un halo siniestro y misterioso el cual es reforzado por los efectos de luces y sombras proyectadas sobre los sujetos. No es fortuito que sean los rostros, los menos definidos y quienes permanezcan bajo el ocultamiento que provocan las sombras. Pareciera como si les fuera necesario el anonimato, la búsqueda de una cuartada como refugio y protección de ese yo interno, del pensamiento como el espacio de la confidencialidad.

Marble Trace abre un camino para descubrir a los seres humanos, por ello como las líneas que dibujan la jaspeada visualidad del mármol, la exposición nos habla del mosaico cultural, de la pluralidad que existe en cada individualidad, en cada ser humano. Somos una sociedad antropocéntrica, el cuerpo nos seduce, la imagen del hombre nos atrapa como a Narciso en las tranquilas aguas de la autocotemplación.